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Dos formas muy distintas de entender la moda
Cuando hablamos de moda, solemos fijarnos en lo visible: el diseño, el precio o la tendencia del momento. Sin embargo, la mayor diferencia entre la fast fashion y la moda consciente ocurre lejos de los escaparates y de las redes sociales.
La fast fashion se construye sobre la rapidez. Colecciones constantes, producción acelerada y prendas pensadas para durar poco. Este modelo invita a consumir más de lo necesario, normalizando que la ropa tenga una vida útil muy corta.
La moda consciente propone otra mirada: reducir el ritmo, cuidar los procesos y diseñar pensando en el uso real de cada prenda.
El coste oculto de la velocidad
Detrás de la producción rápida suelen esconderse decisiones difíciles de justificar: materiales de baja calidad, condiciones laborales poco transparentes y un impacto ambiental elevado. Todo ocurre tan deprisa que apenas hay tiempo para preguntarse si ese sistema tiene sentido.
La moda consciente no busca la perfección, pero sí la coherencia. Significa asumir que hacer las cosas bien lleva más tiempo y requiere renunciar a ciertas comodidades.
Elegir con intención también es un acto político
Cada vez que eliges una prenda, estás apoyando una forma concreta de producir moda. Apostar por marcas conscientes es una manera de decir que prefieres calidad, durabilidad y responsabilidad frente a cantidad y urgencia.
En Névoa creemos que vestir puede ser una elección alineada con tus valores, sin renunciar al diseño ni a la comodidad.
